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Naturland en vista de la Conferencia de Cambio Climático de la ONU en París

La reconstrucción de la agricultura orgánica debe ser la piedra angular de la estrategia en la lucha contra el cambio climático. "La agricultura convencional y el consumo excesivo de carne es responsable de más de un cuarto de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. El hecho de que haya otra manera de hacer las cosas, marca el éxito que durante las décadas anteriores ha tenido la agricultura orgánica en el mundo", dijo Hans Hohenester, agricultor orgánico y Presidente del Consejo de Naturland, el martes en Gräfelfing con vistas a la próxima Conferencia sobre el Cambio Climático de la ONU en París.
"Si finalmente explotamos de manera sistemática este potencial, la agricultura puede contribuir de manera significativa al logro de los objetivos de protección del clima", subrayó Hohenester. Hans Hohenester pidió al gobierno federal, durante años anclados en el objetivo de la Estrategia Nacional de Sostenibilidad de la Agricultura Orgánica, perseguir de manera activa y enérgica, el objetivo de al menos el 20 por ciento de cultivo orgánico.
Después de todo y por lo que se conoce hasta el momento, África, el sur de Asia y América Latina han sido las zonas más afectadas por el cambio climático. La población rural en estos países que contribuyen menos al cambio climático ya está sufriendo las consecuencias de inundaciones, ciclones y sequías extremas.
Los antecedentes:
Según el Informe mundial sobre Agricultura ("IAASTD"), la agricultura produce el 14 por ciento de los gases de efecto invernadero debido al ganado, los fertilizantes y el consumo de energía. Agregando a esto la tala de bosques para la producción de alimentos, se llegaría incluso a un 30 por ciento de emisiones. Tal y como demuestran numerosos estudios científicos, la agricultura orgánica a este respecto reduciría mucho más estas cifras que la agricultura convencional.
Los agricultores orgánicos prescinden de los abonos minerales nitrogenados, cuya producción consume grandes cantidades de combustibles fósiles que liberan gases de efecto invernadero. Por el contrario, la fertilidad del suelo se apoya en el cultivo de las llamadas leguminosas, que fijan el nitrógeno atmosférico en el terreno. A través del uso sistemático de compost puede el suelo cultivado mediante agricultura orgánica fijar a largo plazo el CO2 en el suelo. Los suelos saludables se ven menos afectados por la erosión, pueden almacenar mejor el agua y, por consiguiente, son mejores en enfrentar el cambio climático.